Casa de Medrano

MEDRANO

Cuenta la historia que por los años de 1211 era señor del castillo y villa de Agoncillo, cercana a la ciudad de Logroño, en esa maravillosa e idílica tierra riojana, un capitán de apellido Medrano, cuyo hijo varón agonizaba de un mal secreto e incurable.

Por esos lejanos siglos peregrinaba por aquellos caminos San Francisco de Asís, y sencillamente, santamente, fue al castillo de Agoncillo, impuso sus místicas manos en el enfermo y curó aquel mancebo, siendo, con ello, posible la continuidad de la Casa de Medrano, que hasta la actualidad se distingue por su devoción al pobrecito de Asís. En 1337 era Señor de Agoncillo don Rodrigo Alfonso de Medrano, Ballestero Mayor del Señor Rey Don Alfonso XI y fundador de la capilla de Santa Engracia en la Imperial Iglesia de Santa María de Palacio, de la ciudad de Logroño. Es tradición constante que los agradecidos Medrano cedieron al Santo unos terrenos con una torre cercanos al Ebro, en la misma ciudad de Logroño, donde fundó San Francisco un convento de su Orden, que fue famoso y que ha durado hasta el triste siglo XIX, en el que el liberalismo y sus leyes acabaron con sus largos siglos de gloria y santidad; aún se ven sus muros abandonados y derruidos. Por último, en la sierra de Cameros está el pueblo de Medrano, que apellidó a esta familia o de cuyo lugar tomó su apellido, vaya Dios a saber.

 

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Fuentes:

Hidalguía, marzo-abril 1955, número 9.

Castillo de Aguas Mansas.